La práctica de la contemplación espiritual.

  El  comienzo de la contemplación es la salida del orden del mundo. La  parte  media de la  contemplación  son  las  beatitudes  espirituales. La  cumbre  es  el  aposento  nupcial  en  el  loto mirrífero del Padre y la Madre del amor superior.

“ Pasad  horas  y  días  en  una  contemplación  continua,  arrinconando  los  pensamientos,  asuntos. Vuestro  tiempo  libre  de  las  obligaciones  terrenales,  no  lo  perdáis  en  vano: habitad  las  esferas  bodhisáttvicas  en las cuales os estoy iniciando hoy.

  Tomad la imagen del bodhisattva como ideal perfecto. Desead haceros un cristo, un bodhisattva esclarecido, la divinidad con apariencia humana.

Os  agradezco  vuestra  elección  en  favor  de  la  santidad  y  de  la  pureza,  vuestro  rechazo decisivo de las quimeras del mundo y vuestra vida según la conciencia espiritual. Pero deseo veros DOS VECES  NACIDOS.  Para  eso,  llevo  a  cabo el  modelado  de  nuevas  imágenes, inesperado, inaudito por su contenido y escala, el modelado inhabitual para muchos.

 Para  alcanzar  el  esclarecimiento  perfecto,  para  subir  la  escalera  de  los  budas  y  cristos radiantes, quema en ti mismo miles de envolturas de pacotilla. Estan abiertas las puertas al Santo Estar!”

JUAN DE SAN GRIAL

 

E L  D E S P E R T A R

 Una  perla  maravillosa:  la  espiritualidad  empieza  con  el  despertar  del  sueño de ilusiones.

  El  demiurgo  es  el  gran  ilusionista,  el  iniciador  y  autor  del remodelado.  El  príncipe  de  este  mundo  hechizó  al  hombre  y  lo sumergió  en  un  sueño  quimérico.  Los  cristianos  necesitan  el despertar  —para  lo  que  hace  falta  un  candil,  un  buda  (despierto  y despertador),  un  bodhisattva  capaz  de  despertar  al  alma  del  sueño con ayuda del cetro milagroso.

 Así es el inicio del camino hacia la inmortalidad: en el hombre se despierta la divinidad y el carro de loto de mil pétalos empieza el movimiento hacia la deidad y la bondad.

 

L A  C A T A R S I S

 La  primera  condición  para  entrar  en  el  mundo  espiritual  y  en las  esferas  de  la  meditación  real  es  la  catarsis  ardiente,  la  victoria sobre  las  quimeras  rapaces  de  este  mundo.  Hay  que  rechazarlas, desenmascararlas,  ver  la  cola  negra  que  se  arrastra  y  dispersarlas sin piedad.

 Hace falta el cetro cátaro real de la amundanidad absoluta que deja  salir  fuera  de  los  límites  de  las  aduanas  fronterizas.  El  orden de este mundo es principalmente malo, astuto, lujurioso, usurpador, de  mammón,  rapaz  y  egoísta;  está  lleno  de  miedo,  materialismo, explotación, mentira, hipocresía...

 El sentido de la meditación es la purificación de la mente y la apertura  del  corazón.  El  ser  humano  contiene  el  pléroma  —la plenitud  del  Altísimo.  En  la  medida  de  su  espiritualización  y liberación del orden de este mundo, el hombre se hace alegre, feliz y bienaventurado, verdaderamente puro.

 

L A  R E D U C C I Ó N

 La meditación es el cielo abierto y la elevación hacia él. Para entrar en el jardín fragantísimo de las flores meditativas hace falta  la  reducción .

 No  hay  que  sellar  solamente  algunas  emociones, acontecimientos,  revelaciones,  pensamientos,  sino  que  debe  ser borrada  y  cerrada  la  pantalla  de  la  visión  terrenal  y  abierta  una nueva  pantalla,  que  en  los  términos  budistas  es  la  pantalla  bodhisáttvica  de los iluminados, ungidos y candiles.

 La  reducción  lleva  al  alejamiento  gradual  de  este  mundo. Como si dejara de existir. El paladín se hace ciego e insensible para el  orden  de  este  mundo  — para  volver  a  la  vida  y  hacerse suprasensible al mundo espiritual, supramaterial.

 

L A  E L E V A C I Ó N

 La  meditación  es  el  vuelo  espiritual  del  ave  blanca  hacia  los cielos solares, hacia el reino de la luz altísima y sobrecelestial.

 La  Reina  de  la  paz  nos  eleva  hacia  los  mundos  celestiales donde no hay ninguna alusión al mal. ¡El pecado y la lujuria están borrados sin dejar huella! En sus mundos elíseos no hay mal, sino el bien exclusivamente. No hay pecado, sino la santidad perfecta en los  jardines  meditativos  de  las  beatitudes  eternas.  No  hay  lujuria, sino una fragante pureza admirable.

 Se abre el loto de mil pétalos del corazón espiritual, y el alma se  eleva  hacia  los  mundos  espirituales  y  eternos,  imperecederos  y perennes.

 

L A  E N T R A D A

 La sabiduría está en la base de la espiritualidad verdadera. Es la  garantía  de  la  entrada  en  el  mundo  original  y  auténtico  de  los modelos perfectos que dan la vida eterna y la alegría.

 Sofía  Alta  y  sus  1500  personificaciones  hipostáticas,  la  más hermosa  de  las  cuales  es  Guan  Min.  En  su  diestra  está  el  cetro- guía solar. Ella es la Guía en los mundos sobrecelestiales.

  El  cuarto  escalón  es la entrada.  El  alma,  elevada hacia  las  esferas  sobrecelestiales,  debe  dominar  las  entradas,  los arcos  a  los  cielos.  La  tienen  que  dejar  pasar.  Está  obligada  a confirmar  que  merece  que  la  dejen  pasar,  que  no  servirá  de tentación.  Entra  por  las  puertas  de  la  bondad,  la  pureza,  el  amor supremo, el espíritu de sacrificio y el servicio desinteresado.

 

E L  P E R M A N E C E R

 La  meditación  de  la  segunda  conversión  es  la  salida  fuera del orden de este mundo y el permanecer en 144 nuevas esferas de  las  beatitudes  elevadísimas.  Se  trata  de  una  espiritualidad absolutamente  nueva,  indescriptiblemente  magnífica  — el Templo de  la  paz , descendido  del  cielo, de las beatitudes sobreelevadas, mínnicas, bodhisáttvicas.

 Igual que existe la oración verbal y la música que supera las palabras, asimismo la meditación es la palabra que seprofiere  indeciblemente; está entre la palabra y la música.

 Permanezcamos  silenciosamente  en  las  alturas  inefables  de la  bondad  y  el  amor  extralimitados,  de  la  sabiduría,  la  luz  y  la misericordia sin apartar la mirada de Guan Min.

 

E L  M A N T E N E R

 El  alma  debe  trabajar  para  mantener la  altura  de  las  esferas,  en  las  cuales  ha  sido  introducida  y  que le  han sido  abiertas. Estar fijada enteramente en lo imperecedero.

 “¡Oh, Guan Min, imprime tus sellos en mi frente y en mi  corazón!  Ayúdame  a estar  en  tus  esferas  sobrecelestiales  constantemente para que mi rostro irradie tu bondad, tu amor,

  tu  luz,  tu  Verbo,  tu  misericordia  y  perdón  absoluto,  tu  altura  más generosa.

  Desde  ahora,  mi  casa  es  la  esfera  de  las  meditaciones  elevadas, contemplativas, cristobudistas. El vuelo más alto y la  contemplación de la mente. Y siempre — la presencia de Guan  Min, Alma Máter hiperbórea”...