EL CAMINO PRÁCTICO DE LA DIVINIZACIÓN

Dentro de la práctica esotérica del catarismo se encuentra la rotura de los lazos vetustos. Romper los lazos vetustos es imprescindible si se quiere ascender por la escalera  de  la  divinización.  Es  imposible  acumular  espíritu  clarosanto  si  no  se rompen  los  lazos  viejos  que  atan  a  las  imágenes  de  este  mundo  caduco.  Estos  lazos continuamente  abren  embudos  que  prohíben  al  alma  avanzar  por  el  camino espiritual.

Es  importante  saber  que  en  el  camino  espiritual  no  se  puede  evitar  la  batalla.  La batalla ayuda a crecer y ascender  escalones. Sin la batalla los discípulos se quedan en un estado infantil permanente. Es común en las escuelas cósmicas evitar la batalla y por supuesto la cruz. Nosotros no evitamos ni las batallas ni la cruz, las aceptamos para  una  mayor  consagración  a  los  mundos  celestes  de  nuestra  Madre.  La  new  age evita  el  sufrimiento  por  amor  y  con  sus  doctrinas  falsas,  que  llevan  a  sus  adeptos  a una  absoluta  ilusión,  sólo  provoca  que  se  descienda  espiritualmente.  No  ayuda  a ascender, sino a descender.

La práctica falsa propone la escalera contraria a la de divinización  pues ocultamente instruye sobre la escalera de la diabolización.

El  camino  práctico  de  los  cátaros  tiene  como  principal  objetivo  abrir  el  corazón espiritual  y  cerrar  el  corazón  negro,  el  fogón,  fuente  de  lujuria  y  de  todo  mal. Fogón  y  corazón  espiritual  son  incompatibles,  si  uno  está  abierto,  el  otro  está cerrado.  Juan  de  San  Grial  introduce  este  nuevo  término  revolucionario:  el  corazón espiritual.  No  se  trata  del  corazón  físico,  no  es  el  corazón  virtual,  ni  uno  de  los chakras…  Es  el  centro  que  rige  la  vida  de  los  atlantes  y  serafitas,  el  que  entiende  el idioma  de  las  divinidades,  el  que  concibe  inmaculadamente,  el  que  se transubstancia  de  un  hermano  a  otro.  En  él  hay  construidas ciudades  místicas hermosas,  castillos  bienaventurados,  altares  mírricos,  contiene  la  sabiduría  del univérsum, el trono del Padre y de la Madre. El remodelado de adaptación lo cerró y selló. Sin embargo los cátaros encontraron el único y más digno modo de abrirlo: el amor, el amor y el amor.

El  catarismo  ofrece,  a  aquellos  que  andan  el  camino  práctico,  la  llave  para distinguir  lo  que  ocurre  en  el  mundo  espiritual  invisible.  Dicha  llave  nos  abre  la puerta  de  los  tres  tipos  de  visiones  posibles  en  este  mundo.  La  primera  es  la ilusoria  u  holográfica,  su  ejemplo  más  representativo  sería  la  televisión  con  su escaparate de  ilusiones  y  su  interminable  mensaje:  gana-compra.  Pero  no  sólo  la televisión muestra este tipo de visión, hay otra caja zombi peor y es aquella a la que el  hombre  está  enchufado  24  horas  inconscientemente,  y  es  el  mundo  virtual tridimensional  que  le  rodea:  hologramas  proyectados por  el  mátrix  original.  La segunda visión es la pecadocéntrica, aquella que ve en el hombre al enemigo. Es la  visión  oscura,  que  sólo  ve  lo  malo,  lo  pecaminoso  del  prójimo,  aquella  que radiografía las consecuencias del remodelado de adaptación y no es capaz de salir de sus  límites.  Y  por  último,  la  tercera  y  más  bendita  visión,  la  luminocéntrica,  la visión  percibida  por  el  ojo  del  corazón  espiritual,  aquella  que  ve  la  divinidad  que permanece en el prójimo a pesar de todo, que ve lo imperecedero entre las miles de quimeras transitorias, la que conduce a la adoración suprema, a la unión de las almas, al matrimonio con la humanidad entera.